Encontré este artículo que me ha parecido muy claro y sencillo para comprender el porqué del éxito de la cotorra. Como me gusta lo comparto para que lo conozcan otras personas. Bien por Enrique H. Bucher y Rosana M. Aramburú.
¿Cómo se explica que la cotorra
(Myiopsitta monachus), que vivía en la Argentina principalmente en zonas
boscosas y semiáridas, haya invadido espontáneamente el pastizal
pampeano y aparecido también en pueblos y hasta en grandes ciudades?
Cada especie de ave silvestre tiene un área de distribución natural,
una característica que presentan todos los seres vivos y es el resultado
de la evolución biológica. Algunas aves tienen éxito en establecerse en
nuevas áreas, más allá de su territorio original; otras fracasan. Las
razones por las que esto sucede no han sido totalmente elucidadas, a
pesar de que el número de especies que se instalan fuera de sus ámbitos
nativos, llamadas especies exóticas o invasoras, continúa creciendo en
todo el mundo. Se ha comprobado que no es posible predecir si
determinada especie de ave tendrá éxito en afincarse en un lugar sobre
la base de las características generales de ese lugar, y que tampoco
puede predecirse el éxito invasor de una especie por el de sus parientes
más cercanos. En otras palabras, todavía se necesita investigar mucho
más cada especie antes de poder llegar a generalizaciones.
Cotorra o catita (Myiopsitta monachus).
Un caso particular y muy interesante de especie invasora exitosa es la cotorra o catita (
Myiopsitta monachus),
conocida en muchos países como cotorra argentina, aunque también se
distribuye por Uruguay, Bolivia, Paraguay y Brasil. Se trata de una
especie muy común y conocida, ya que puede convertirse en mascota
apegada a quienes la albergan y es capaz de imitar palabras. También es
renombrada por otra característica no tan positiva, que se da con
intensidad variable y no aparece en toda su área de distribución: tiene
fama de ocasionar perjuicios en cultivos y en líneas de transmisión
eléctrica, por lo que en ciertos lugares se la considera una plaga.
La cotorra es la única especie de loro que construye sus nidos con
pequeñas ramas, ya que todas las restantes especies de la familia
nidifican en huecos de árboles o en galerías cavadas en barrancos.
Construye nidos comunales, en los que varias parejas adosan sus cámaras
individuales. Usualmente esos nidos tienen entre dos y cuatro, aunque
los hay que alcanzan dimensiones enormes, con cientos de cámaras.
Como consecuencia del enorme impulso que tuvo el comercio
internacional de mascotas silvestres en la década de 1990, la cotorra
acabó asilvestrada en buena parte del mundo. Miles de ejemplares fueron
exportados desde la Argentina y el Uruguay, particularmente a los
Estados Unidos y Europa. Muchas de esas aves terminaron escapando de sus
jaulas (o fueron liberadas por sus dueños, hartos de sus potentes
gritos), y lograron adaptarse a vivir en libertad, sobre todo en
ciudades. En la actualidad se pueden ver cotorras en Madrid, Barcelona,
Nueva York, Miami y Los Ángeles, para citar algunos ejemplos.
Una muestra poco conocida de la capacidad invasora de la cotorra es
su expansión en la región de los pastizales pampeanos, iniciada después
de 1880, cuando los colonos europeos ocuparon los territorios tomados a
los pueblos nativos de las pampas al finalizar la Campaña del Desierto.
En poco más de un siglo (1900-2010), la cotorra ocupó una enorme
superficie, equivalente a la de Alemania. Esta expansión fue coincidente
con varios cambios ambientales, particularmente la conversión de las
praderas naturales en tierras de cultivo, cambios que tuvieron efectos
significativos sobre la biodiversidad original.
Una pareja de cotorras
Los registros históricos disponibles, que incluyen datos de cronistas
españoles del siglo XVIII y de viajeros ingleses del siglo XIX, los
viajes de científicos argentinos, encuestas y relevamientos de campo, lo
mismo que datos de agencias de gobierno encargadas del control de
plagas, permiten una reconstrucción bastante precisa del proceso de
expansión de la cotorra y los cambios de uso de la tierra asociados.
La región pampeana, el espinal y los talares
A la llegada de los españoles al Río de La Plata, la extensa llanura de pastos conocida como la
ecorregión pampeana
cubría una gran extensión de la Argentina, el Uruguay y sur del Brasil.
En el primero de esos países incluía las actuales provincias de Buenos
Aires, Entre Ríos, el sur de Santa Fe y el este de La Pampa.
Originalmente la cotorra no vivía en las extensas áreas libres de
árboles de esos de pastizales, las cuales estaban rodeadas por el norte,
el oeste y el sur por ambientes con vegetación de sabana boscosa
semiárida llamados
ecorregión del espinal, y por el este por
bosques de talas de las costas de la provincia de Buenos Aires. En esos
dos ecosistemas circundantes de los pastizales vivía la cotorra y desde
ellos se dispersó a la ecorregión pampeana cuando las circunstancias le
fueron favorables.
Cambios en el uso de la tierra
Con la llegada de los europeos se produjeron grandes alteraciones en
el uso de la tierra, las que tuvieron fuerte influencia sobre la
avifauna en general, y sobre la cotorra en particular. Ellas incluyeron
modificaciones de la estructura del pastizal, invasión de malezas
–particularmente cardos–, la introducción del eucalipto, la expansión de
la agricultura y el gran desarrollo de la red ferroviaria que cubrió
rápidamente toda la región.
Un nido de esa especie en un árbol nativo de su área natural de dispersión fuera de la llanura pampeana.
El pastoreo por ganado vacuno y ovino cambió la estructura de los
pastizales, que pasaron del predominio de pastos altos al de pastos
cortos, más de tipo del césped. El pasto corto es muy adecuado para la
alimentación de la cotorra, ya que le proporciona semillas de gramíneas y
de herbáceas, que recoge posándose en el suelo. Además, le permite
acceder a la abundante cantidad de semillas presentes en el excremento
del ganado vacuno.
Además, la expansión de la ganadería favoreció la invasión de las
pampas por dos especies de cardos nativos de Europa: el cardo de
castilla (
Cynara cardunculus) y el cardo mariano o blanco (
Silybum marianum),
cuyas semillas son muy apetecidas por las cotorras. Durante el siglo
XIX los cardos se expandieron rápidamente por toda el área bajo pastoreo
al norte del río Salado. Se formaron enormes cardales, con altísima
densidad de plantas, que subsistieron hasta finales del siglo, cuando
comenzaron a ser controlados por la labranza de los suelos. Sin embargo,
durante casi todo el siglo XX los cardos continuaron siendo malezas muy
comunes en campos cultivados, lo mismo que junto a carreteras y vías
férreas, lo cual siguió ofreciendo una fuente muy significativa de
alimento para las cotorras.
Distribución
de los nidos de cotorra en tres localidades de la región pampeana, en
porcentajes. Adviértase el predominio del eucalipto como soporte elegido
por las aves.
Varias especies de eucalipto fueron introducidas en la Argentina en
1857. Desde 1870 en adelante, esos árboles se hicieron muy populares
entre los colonos europeos, para sombra y protección de las viviendas
rurales y más tarde como especie ornamental en los poblados establecidos
a lo largo de las vías férreas. Las cotorras no tardaron en adoptarlos.
Ese importante cambio de conducta de las aves fue muy bien descripto
por Ernest Gibson, naturalista y dueño de una estancia en el Tuyú, cerca
del cabo San Antonio, en la costa bonaerense. Relató que a su arribo a
la región en 1872, la cotorra anidaba exclusivamente en los talas del
bosque costero. En ese momento solo había tres eucaliptos de un año de
edad en los jardines de su estancia, los primeros que se plantaron en la
región. El eucalipto tuvo buena adaptación y rápido crecimiento, por lo
que desde 1880 en adelante plantó cientos en la propiedad. Hacia 1900
muchos de esos árboles habían alcanzado 30 metros de altura, y las
cotorras habían comenzado a anidar en ellos. Con el tiempo, abandonaron
completamente los bosques de tala. Su preferencia por el eucalipto se
expandió rápidamente por toda la región y en la actualidad se mantiene,
como lo muestran los porcentajes consignados en el cuadro, basado en
datos recientes.
La construcción de la red ferroviaria pampeana comenzó alrededor de
1860. Hacia 1900 tenía 16.500km y para 1920 había alcanzado los 33.800.
Los caseríos y pequeños pueblos que emergieron a lo largo de las vías
actuaron como oasis para las cotorras, pues les proveyeron un hábitat
adecuado de cría y de alimentación. También ayudaron a la diseminación
de las aves los postes telegráficos del ferrocarril, que les
proporcionaron nuevas plataformas de anidación.
La
ecorregión pampeana (ocre). Está rodeada por una sabana boscosa
semiárida que llamamos ecorregión del espinal y que constituye principal
el hábitat natural de las cotorras (verde claro), que también pueblan
sectores boscosos en las zonas pampeanas de Entre Ríos, Uruguay y
Brasil. Sobre la costa atlántica y del estuario del Plata de la
provincia de Buenos Aires se extiende otro ecosistema en que ellas
también habitan naturalmente: el bosque costero de talas (verde oscuro).
Por último, desde el principio del siglo XX, los pastizales nativos
fueron convertidos en tierras de cultivo a un ritmo rápido. Para 1914 la
mayor parte de la pampa había sido arada, excepto la cuenca del río
Salado y el borde occidental semiárido de transición hacia el espinal.
Área ocupada por la cotorra y su expansión
Desde la fecha más antigua para la que se tienen datos confiables
(1860) hasta aproximadamente fines del siglo XIX, la información
disponible indica que, además de ocupar el espinal, la cotorra estaba
presente en la región pampeana oriental, es decir, la provincia
argentina de Entre Ríos y las áreas de pampa del Uruguay y el sur del
Brasil. También estaba presente en los bosques en galería del río Paraná
hasta el de la Plata, y más al sur, en el bosque de talas a lo largo de
la costa atlántica bonaerense hasta cerca de Mar del Plata. Esos
talares se extendían en forma casi continua sobre la costa marina, y se
alejaban de ella hasta entre 40 y 100km, en pequeños parches encontrados
en su mayoría a lo largo del río Salado. Por contraste, el ave no se
encontraba en las sierras de Tandil ni de la Ventana. Las evidencias que
apoyan lo dicho provienen de los viajeros y colonos británicos de la
época, y de un informe realizado por científicos de la Academia Nacional
de Ciencias de Córdoba en 1879.
Nidos
de cotorra en eucaliptos, árboles nativos de Australia plantados con
enorme éxito en la llanura pampeana durante la segunda mitad del siglo
XIX y adoptados por las cotorras para construir sus nidos.
Como lo muestran los mapas, la cotorra comenzó a expandirse por las
pampas a principios del siglo XX, cuando adquirió el hábito de anidar
masivamente en eucaliptos. Este cambio fue probablemente favorecido por
la transición gradual o
ecotono que se ubica entre los talares
costeros y los pastizales pampeanos inundables en la cuenca del Salado,
donde existen parches de bosque nativo mezclados con plantaciones de
eucaliptos.
La expansión se originó en tres puntos no vinculados entre ellos del
mencionado ecotono: uno en el sudeste del pastizal pampeano, y dos
sitios ubicados en el sudoeste y el noreste de la región, como se
aprecia en el mapa correspondiente a 1960. En los siguientes veinte años
el foco del sudeste se expandió rápidamente por la cuenca del Salado;
los otros dos focos avanzaron más lentamente. El del noreste tuvo una
moderada extensión hacia el sur, mientras que el del sudoeste se mantuvo
casi inalterado. En ese período se observó un aumento moderado del área
cultivada de la región.
Entre 1980 y 1990 tuvo lugar una expansión sustancial del foco
sudeste, más allá de la cuenca del Salado, y una extensión de los otros
focos iniciales, con lo que se produjo la fusión de las tres zonas
ocupadas. Al mismo tiempo tuvo lugar un marcado crecimiento del área
sembrada y, como consecuencia, de la disponibilidad de granos
cultivados. Estos se convirtieron en el ítem dominante de la dieta de
las cotorras, particularmente granos de maíz, girasol y más tarde sorgo,
junto con semillas de las malezas asociadas con esos cultivos. Las
frutas de árboles plantados en torno a viviendas rurales aisladas o en
pequeños pueblos también resultaron alimentos importantes para las aves,
especialmente los duraznos.
Área progresivamente ocupada por cotorras en la ecorregión pampeana
Para el año 2000 solo quedaba una porción relativamente pequeña de
pastizales pampeanos libre de cotorras, la que había sido colonizada por
estas para 2010, al ritmo de sucesivos aumentos de la agricultura y de
un incremento sostenido de las lluvias en la región.
Así, como surge de la sucesión de mapas, la cotorra ocupó casi
330.000km2 en unos 110 años. La tasa de expansión anual (distancia
máxima observada entre los límites del área ocupada entre cada período)
osciló entre 2,1 y 7,6km por año, con los valores más altos en el
período 1980-2000, como se consigna en el cuadro siguiente.
La caída (en términos de área y distancia lineal) observada durante
el período final (2000-2010) puede ser consecuencia de que la cotorra
haya ocupado el remanente de área libre antes de 2010.
La expansión siguió un patrón de difusión llamado
de vecino a vecino,
es decir, el ave solo ocupó áreas contiguas a la zona que ya poblaba.
No se registraron casos de saltos a gran distancia de la población
madre.
La velocidad de dispersión registrada en la Argentina contrasta con
observaciones realizadas en Europa y América del Norte, donde la
propagación fue más rápida y más dispersa, y dejó espacios intermedios
sin ocupar. La explicación más plausible de esta diferencia es que
resultó de la liberación de individuos cautivos en una amplia red de
localidades donde las cotorras fueron adquiridas como mascotas, es
decir, no dependió solo de la capacidad natural de dispersión de la
especie.
¿Por qué la cotorra es un invasor tan exitoso?
En la literatura científica se han destacado algunas condiciones que
estarían presentes en las especies invasoras exitosas, como altas tasas
de crecimiento poblacional, cría oportunista sin una estación fija, alta
fecundidad, rápido desarrollo de las crías y gran movilidad de tipo
nómada. La cotorra no presenta ninguna de esas características, ya que
tiene una única temporada de cría en época bien definida, reproducción
tardía (comienza a criar entre dos y tres años de edad) y dispersión
(distancia entre el lugar de nacimiento y de primera cría) limitada a
menos de diez kilómetros. A pesar de todo esto, es una especie invasora
muy exitosa.
Nuestras investigaciones sugieren que la cotorra exhibe otros rasgos,
no tenidos en cuenta hasta el momento, que podrían explicar su éxito
invasivo. Ellos incluyen la habilidad de construir nidos comunales,
oportunismo alimentario y flexibilidad de conducta.
La capacidad que tiene la cotorra de construir nidos comunales, donde
muchas parejas nidifican juntas, le otorga considerable ventaja
adaptativa, puesto que esos nidos proporcionan muchos beneficios. No
solo constituyen un sitio de cría bien protegido que puede ubicarse en
cualquier lugar donde exista una plataforma adecuada, sino también un
refugio para la población durante todo el año (ya que los individuos
pasan siempre la noche en nidos), y provee protección contra los
predadores y las temperaturas invernales.
La preferencia por ubicar sus nidos en los lugares de mayor altura
posible responde muy probablemente a la necesidad de disminuir el riesgo
de predación por aves, mamíferos y serpientes, y también ha sido
observada en otros lugares que han invadido. En España, por ejemplo, las
cotorras eligen ejemplares altos de palmeras en Barcelona y Canarias,
eucalipto en Málaga, cipreses y pinos en Mallorca, árboles altos de
varias especies en Madrid y postes de electricidad en Cartagena. La
preferencia por los sitios de anidación más altos también se ha
encontrado en los Estados Unidos, particularmente en Florida.
El oportunismo alimentario de la cotorra se evidencia en su
adaptación a explotar nuevos recursos, como cereales en los comederos
artificiales de aves en jardines, y también en su capacidad de manipular
alimentos protegidos o difíciles de manejar, incluyendo mazorcas de
maíz, capítulos de girasol e incluso bolsas de basura en ambientes
urbanos, las que abren con facilidad. Asimismo favorecen el oportunismo
sus adaptaciones morfológicas, como un pico fuerte y extremadamente
versátil, una estructura flexible de la pata, con dedos oponibles, que
le permiten trepar y colgarse de la vegetación, así como sostener los
alimentos.
Expansión
del área ocupada por la cotorra en la ecorregión pampeana entre 1860 y
2010. Tostado: hábitat natural de la especie. Amarillo: región de los
pastizales pampeanos libre de cotorras. Rojo: pastizal pampeano invadido
por cotorras.
Es muy posible, entonces, que dicho oportunismo alimentario haya sido
clave para el éxito invasivo de la cotorra, y también explique por qué
prosperó en paisajes urbanos en los países que ocupó. En las ciudades
encuentra una mayor disponibilidad de recursos durante todo el año. Por
ejemplo, hay fuertes evidencias que indican que en ciudades con
inviernos muy fríos, como Chicago, la población de cotorras depende casi
exclusivamente de comederos artificiales para aves, comunes en los
jardines de Norteamérica y Europa.
Finalmente, debe destacarse la flexibilidad y la inteligencia de la
cotorra, las cuales son compartidas con otras especies de loros. Todos
ellos viven en grupos sociales complejos y tienen un período de
desarrollo y aprendizaje extenso antes de independizarse. Como los
monos, los loros son altamente innovadores en sus modos de alimentación,
y han demostrado la capacidad de manipular alimentos con envolturas
complejas. De esa forma, son capaces de adaptarse a situaciones nuevas y
acceder a recursos que son inaccesibles para otras aves.
En síntesis, creemos que el éxito de la cotorra responde a factores
que no han sido tenidos en cuenta al buscar características comunes de
las especies invasoras. Nuestro caso se agrega a la creciente evidencia
acerca de que no hay un conjunto único de rasgos que permitan definir (y
por lo tanto predecir) la capacidad invasiva de una especie.
Enrique H Bucher
Doctor en ciencias biológicas, UNC.
Investigador superior del Conicet en el Instituto de Diversidad y Ecología Animal, UNC-Conicet.
Profesor emérito, UNC.
buchereh@gmail.com
Rosana M Aramburú
Doctora en ciencias naturales, UNLP.
Jefa de trabajos prácticos, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, UNLP.
Investigadora adscripta, División Zoología Vertebrados, Museo de La Plata.